En Cemaipo confiamos que cada persona tiene algo que entregar. Para algunos, es experiencia laboral. Para otros, tiempo. Para el resto, la capacidad de escuchar, orientar e inspirar. Por eso, tenemos la convicción de que el voluntariado nace precisamente desde esta acción: poner capacidades personales al servicio de otros para generar cambios reales en la comunidad.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 2026 como el Año Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo Sostenible. Esta conmemoración destaca el papel crucial de la acción ciudadana para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y busca visibilizar, reconocer y potenciar la labor solidaria de millones de personas frente a los desafíos mundiales.
En Cemaipo, los voluntariados adquieren formas concretas: un profesional que dedica algunas horas al mes a orientar a un estudiante sobre su futuro, un colaborador que comparte con jóvenes los aprendizajes logrados durantes años de trabajo o una persona que se sienta frente a una sala de clases para leer cuentos y despertar la imaginación de niños y niñas de la zona.
Cada voluntario pone al servicio de otros su tiempo, sus conocimientos y su experiencia. Aunque este acto puede parecer individual, se comienza a tejer algo mucho más grande: una red de colaboración que impacta positivamente la vida de personas, familias y comunidades completas.
A los 17 años, tomar decisiones sobre el futuro no siempre es fácil. Elegir una carrera, ingresar al mundo laboral o descubrir los propios intereses puede convertirse en una nube de preguntas e incertidumbre. Por eso, a través del programa Somos Tutoría, 66 profesionales voluntarios acompañan a estudiantes de cuarto medio de liceos de Buin y Paine en un proceso de orientación que busca entregar herramientas para decidir sobre su futuro con mayor seguridad y reconocimiento. Mediante encuentros periódicos, los tutores comparten experiencias, abren redes de contacto y acompañan a los jóvenes en el proceso de terminar su respectiva etapa escolar.
“En cada uno de mis tutorados me he encontrado con realidades distintas, con dificultades que a veces van mucho más allá de lo vocacional. Y ahí es donde este programa cobra un valor que no estaba en el manual: en la conversación honesta, en la pregunta que nadie más les había hecho…” dice Héctor Pincheira de Frutexsa, voluntario del programa Somos Tutoría Maipo.
Más que sólo responder preguntas, el rol del tutor consiste en abrir posibilidades, compartir experiencias y mostrar caminos que, quizás, los jóvenes no habían considerado, y con eso demostrar que el futuro puede construirse de muchas formas.
“Lo que más me ha marcado en estos tres años es descubrir que estos jóvenes no necesitan que lleguemos con todas las respuestas. Lo que necesitan es que alguien se siente con ellos, los mire a los ojos y les diga: “yo tengo tiempo para ti. Me interesas tú”, recalca Héctor.










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